Por: Lisbeth Martínez
Los venezolanos estamos acostumbrados a vivir en paz, en unión a pesar de los muchos problemas que nos aquejan, sin embargo, esa tranquilidad y parsimonia está siendo amenazada desde hace algunos años cuando se habló de profundizar el socialismo, atacando a todo cuanto huele a capitalismo: aquellas personas que después de tanto trabajar han logrado levantar una familia, adquirir una buena casa, un vehículo, una pequeña o mediana empresa, eso parece ahora ser malo para quienes se han conformado con mantener una ideología de color sangriento (rojo) , el mismo que antes era el color del amor, del corazón, de las rosas que emulan este bello sentimiento, eso parece estarse perdiendo en el tiempo.
Sin embargo, mientras estas personas hablan de ideología de ir contra el capitalismo, y se hacen líderes, esos líderes que además buscan una mejor oportunidad para seguir en el poder, el mismo poder que aseguran que enferma y no es permitido para la otra mitad de los venezolanos, al llegar al cargo, se olvidan de su lucha principal y entonces se les ve en tremendas Tahoe, Hummer, Sequoia, y no de una, sino con dos y tres, Ipod, BlackBerrry's y pare de contar, todos provenientes de países a los cuales llaman imperio, ese es el socialismo solo parece ser posible para la dirigencia del PSUV.
Sin embargo, a la militancia se les exige no juntarse con el de clase media alta que ya son casi tan pobres como el resto de la población porque son imperialistas, se incita al odio entre hermanos venezolanos, pero se pregona amor.
Contrario a este panorama y precisamente hablando de verdad, los venezolanos ven a un hombre carismático que no teme hablar de su origen, de ancestros polacos cuyos padres llegaron al país, no cargados de dinero, pero sí de esperanzas, sin fábricas ni divisas, pero con ánimos de trabajar por un porvenir para sus hijos, el mismo porvenir que desean todos los padres del mundo para hijos y nietos, esto parece ser malo para oficialistas que nacieron en la cuarta y se enriquecieron en la Quinta.
En la acera contraria está un hombre joven que ha dedicado su vida a trabajar por la sociedad, a pesar de tener todo y que pudo quedarse de brazos cruzados, o simplemente irse del país que le abrió la puerta a sus padres y abuelos
Un hombre que se confiesa amante de VENEZUELA, de sus mujeres, lo que ellas representan, AMANTE DE LA LIBERTAD, del FUTURO, del amor, un hombre que no habla de egoísmos ni persecuciones
Ente estas circunstancias, más de 15 millones de personas tendrán la oportunidad de elegir nuevo presidente para que enrumbe el país, sin que buena parte al escuchar a sus semejantes dar una opinión diferente escuchen decir: Vete del país, vende patria, pitiyanqui, sino que el oigamos decir: Bienvenido hermano, vamos a trabajar.
martes, 9 de abril de 2013
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